Algo que Leer: Los Hijos de la Tierra IV - Las Llanuras del Tránsito

dijous, 5 de març de 2015

Título: Los Hijos de la Tierra IV - Las Llanuras del Tránsito [Earth's Children IV: The Plains of Passage]
Autor: Jean M. Auel
Idioma original: Inglés
País: EUA
Editorial: Licencia editorial para Círculo de Lectores por cortesía de la autora.
Primera Edición: 1990
Traducción: Aníbal Leal
Número de páginas: 859 pág
Género: Narrativa, Histórica
ISBN: 9788422646068

Sinopsis:
"Esa noche, Ayla permaneció despierta, pensando. [...] No tenía idea de lo que podía esperar, pero no dudaba de que aquel Viaje sería mucho más azaroso de lo que había imaginado."

Algo que decir:
Cuarta entrega de la célebre saga de ambientación prehistórica Los Hijos de la Tierra, de Jean M. Auel.
Decir, ante todo, que la saga involuciona de tal forma que al seguir con ella tras el tercer libro, Los Cazadores de Mamuts, me salté éste por accidente y pasé directamente al quinto, Los Refugios de Piedra. Me lo salté olímpicamente, a lo loco, y ni siquiera lo noté. Pensé: se ha saltado de un plumazo el viaje desde la tierra de los Mamutoi hasta donde viven los Zelandonii, ¿Auel?, ¡No puede ser! Me sorprendió mucho, con lo que lo goza ella entreteniéndose en los detalles, pero en lugar de molestarme se lo agradecí mentalmente con bastante intensidad... de hecho, en algunos fragmentos del quinto libro, como es lógico, se hacía referencia a cosas que habían ocurrido durante el cuarto y eso me resultaba extraño, pero me lo tomé como si dejara una pequeña parte a la imaginación del lector (?) y apenas si tuve la sensación de estarme perdiendo nada.
Con esto me remito nuevamente a lo que ya comenté en anteriores ocasiones: de El Clan del Oso Cavernario disfruté como una enana, pero luego la cosa se ha ido volviendo progresivamente más y más complicada de digerir.

Al final del tercer volumen, y tras la casi épica (y lo digo por lo que le costó) decisión de Ayla de dejar atrás al pueblo Mamutoi, quienes con tanto cariño la habían acogido, y dejar a Ranec plantado en el altar, la joven pareja emprende el viaje que los habrá de conducir a través del glaciar en pos de la tierra de los Zelandonii, el pueblo de Jondalar.
El Viaje se descubrirá mucho más repleto de contratiempos de lo que Ayla y Jondalar imaginaron de entrada. Su avance se verá interrumpido en numerosas ocasiones en su paso por otras cavernas y toda clase de situaciones pondrán a prueba la fuerza de sus lazos.

Las Llanuras del Tránsito es, como en cierto modo su mismo tútulo indica, un volumen de transición: no se trata solamente de una transición espacial, la cual se refiere al traslado desde las tierras Mamutoi a las Zelandonii; sinó que se refiere a una transición a nivel emocional, la cual se da tanto para Ayla como para Jondalar, y que los hará crecer a los dos a medida que recortan distancia con su futuro común.
Con esto vuelvo un poco a lo que comentaba más arriba, de que en realidad es un volumen un poco de "relleno", es decir: que puedes leértelo y está bien, pasas un buen rato. Pero puedes pasarlo por alto y prácticamente ni te enteras.

Como conclusión: me gustó bastante. No es mi entrega favorita de la saga, pero tampoco diría que fue la que menos me gustó. Insisto en que su contenido no es realmente trascendental para el conjunto de la saga, pero en definitiva merece la pena leerlo porque permite una visión más global especialmente sobre el personaje de Jondalar, a quien en Los Cazadores de Mamuts creo que no se daba ocasión de conocer lo suficiente: yo del Jondalar de la tercera entrega me quedé con que era un hombre celoso, indeciso, cansino; llegué a pensar que mucho mejor si Ayla se quedaba con Ranec, porque Jondalar era un soso amargado. Esto dicho, tras leer los volúmenes siguientes Jondalar sigue sin ser santo de mi devoción, porque no me gustan varios aspectos de su personalidad, pero sí lo aprecio bastante más. 

Para hacer boca (fragmento extraído de una página al azar):
"…
-Pero si algo me sucediera, yo no querría que tú me siguieras al mundo de los espíritus. Desearía que permanecieras aquí y que encontrases a otra persona -dijo Ayla con verdadera convicción.
[...]-Tal vez sea eso lo que sucede cuando uno envejece -dijo Ayla-. Si tú intercambias una parte de tu espíritu con las personas amadas, después de haber perdido a muchas de ellas, tantas partes de tu espíritu las habrán acompañado al otro mundo que ya no te quedará suficiente para continuar vivo en éste. Es como un edificio en tu interior que se agranda cada vez más, de manera que deseas ir al otro mundo, donde está la mayor parte de tu espíritu y seres amados.
..."

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