Algo que Leer: Los Hijos de la Tierra II - El Valle de los Caballos

dimarts, 3 de setembre de 2013


Título: Los Hijos de la Tierra II - El Valle de los Caballos [Earth's Children II: The Valley of Horses]
Autor: Jean M. Auel
Idioma original: Inglés
País: EUA
Editorial: Licencia editorial para Círculo de Lectores por cortesía de la autora.
Primera Edición: 1982
Traducción: Leonor Tejada Conde-Pelayo
Número de páginas: 621 pág
Género: Narrativa, Histórica
ISBN: 9788422644774

Sinopsis:
"Los Otros. Sus cálidos sentimientos de gozo se esfumaron; no le gustaba pensar en los Otros. [Ayla] no tenía ganas de salir en busca de Otros desconocidos, cuyas costumbres y restricciones ignoraba; Otros que pudieran privarla de su risa. "No lo harán -se decía-. No volveré a vivir con nadie que no me permita reír."

Algo que decir:
Segundo volumen de la célebre saga prehistórica de Jean M. Auel: Los Hijos de la Tierra.

Al terminar el primer libro, la joven Ayla era maldita y expulsada de su clan por Broud, quien finalmente se había convertido en jefe al ser traspasada la posición por un nada convencido Brun.
Sola y desolada por la reciente muerte de Creb y la separación con su hijo Durc por quien tanto tuvo que luchar, Ayla emprende un largo viaje en busca de los que siempre debieron haber sido su gente; se aleja irremisiblemente de los territorios del clan que jamás volverá a ver, y avanza ciegamente hacia el norte fiel a la última voluntad de Iza. Hacia el norte, la tierra firme más allá de la península. Pero el tiempo pasa y Ayla no llega a cruzarse con otro ser humano. Reconcomida por su soledad y su pérdida se resigna a dejar de buscar cuando sus erráticos pasos la guían hasta un prolífico valle; el invierno se encuentra cercano y sabe que no podrá sobrevivir sin una cueva en la que guarecerse.

Será en el valle donde Ayla comience a cobrar plena conciencia de sí misma y de sus posibilidades. Lentamente liberada de los prejuicios y costumbres del clan, tan profundamente arraigadas en ella, desarrolla nuevas habilidades que garanticen su supervivencia: la caza mediante trampas y el uso de pesadas lanzas para abatir animales grandes, el uso de pirita ferrosa para prender rápidamente una hoguera sin necesidad de guardar celosamente una brasa encendida dentro de su cuerno de uro, el hábito de acumular nieve en la entrada de su cueva para no tener que ir por ella cuando necesite fundirla para conseguir agua... toda una suerte de avances aparentemente insignificantes que poco a poco marcan la diferencia entre sobrevivir o perecer en su empresa. Su avance más grande, aún con todo, y que se produce de forma prácticamente accidental tras su primera batida significativa en el valle, es su habilidad para domesticar animales: adopta a la pequeña potrilla Whinney, la cual se convertirá en una amiga inseparable y ayuda indispensable para salir adelante en toda clase de situaciones.

Paralelamente, se cuenta la historia de los hermanos Jondalar y Thonolan, dos varones de la tribu Lanzadonii (un asentamiento de "los Otros") que emprenden un largo Viaje en busca de aventura y conocimiento. Su travesía les llevará a conocer multitud de pueblos y a participar de sus distintas costumbres, en lo que desde el principio el lector contempla como un avance inexorable hacia el lejano valle de Ayla.

A título personal, encontré ésta segunda entrega más difícil de leer... no es que no me gustara, que sí lo hizo, sino que me resultó a ratos demasiado lenta, demasiado descriptiva (eso ya ocurría con la anterior), y demasiado carente de acción. Hay que considerar que el primer libro recogía los primeros... 9 o 10 años de la vida de Ayla, durante los cuales ocurren muchísimas cosas más o menos relevantes, y ella tiene interacción con una relativamente amplia variedad de personajes dando pie a toda clase de situaciones; El Valle de los Caballos recoge los últimos casi tres años de vida de Ayla,  que vive en la única compañía de los animales de su valle y completamente entregada a perseverar en su propia supervivencia: no es que no pasen cosas, sino que todo es un poco más de lo mismo. Ayla se limita a cazar, recolectar, tallar herramientas, curtir pieles, tejer alfombras o canastos para su hogar... todo tipo de acciones muy prácticas y con finalidades muy concretas, a través de las cuales va efectuando ligeros cambios que uno puede interpretar como un proceso evolutivo. Esos pequeños descubrimientos y cambios son toda la emoción que experimenta Ayla, aislada en su valle de ensueño, pero no existe una interacción con otros personajes de modo que uno termina deseando que lleguen los capítulos de Jondalar y Thonolan ni que solo sea para tener algo más de marcha...
Sigo recomendando ésta lectura, porque la base es buena y si consigues pasar por alto la lentitud y en cierto modo previsibilidad del desenlace puedes llegar a disfrutarla bastante. Es un libro un poco pesado, pero que me parece necesario para el desarrollo del resto de la colección: Ayla no podía pasar de ser Clan a una de los Otros así, de la noche a la mañana, sino que era necesario un proceso de adaptación del personaje, y aunque me ha parecido quizá excesivamente largo y lento lo entiendo como algo que pretende ser realista; la vida real no está compuesta de un seguido de escenas trepidantes a velocidad de vértigo cual película americana, sino que la vida real es demasiado a menudo lenta, pesada y aburrida.

Para hacer boca (fragmento extraído de una página al azar):
"[Ayla]
Todavía no estaba muy avanzada la primavera. Habían espantado inadvertidamente al animal, pero tan pronto como Ayla lo vio correr, se inclinó hacia él... echando mano de la honda mientras Whinney lo seguía. Al acercarse, el cambio de posición de Ayla que se produjo a la par que la idea de desmontar, hizo que la yegua se detuviera a tiempo para que bajara y lanzase una piedra.
«Me vendrá muy bien tener carne fresca esta noche -pensaba, mientras regresaba hacia la yegua que la esperaba-. Debería cazar más, pero ha sido tan divertido montar a Whinney...
»¡Estaba montando a Whinney! Echó a correr tras la marmota. ¡Y se detuvo cuando yo necesitaba que lo hiciera!»
-¡Whinney! -gritó la joven. La yegua alzó la cabeza y enderezó las orejas en actitud expectante.
La joven quedó asombrada. No sabía cómo explicárselo. La simple idea de montar a caballo había sido irresistible y disparatada, pero que el caballo fuera a donde ella quería ir era más difícil de comprender que el proceso por el que ambas habían tenido que pasar.
 ..."

"[Jondalar]
Jondalar se frotó el rastrojo que le cubría el mentón y buscó a tientas su mochila, que había dejado apoyada en un pino retorcido. Sacó un paquetito de cuero suave, desató los cordones y abrió el doblez antes de examinar cuidadosamente una delgada hoja de pedernal. Tenía una leve curvatura a lo largo -todas las hojas de pedernal estaban algo combadas, era una característica de la piedra- aunque el filo era agudo por igual. La hoja era una de las varias herramientas más elaboradas que había guardado aparte.
Una ráfaga de viento agitó las ramas secas del viejo pino cubierto de líquenes, abrió la solapa de la tienda, se coló dentro tensando los cables de retén y sacudiendo los postes, y volvió a cerrarla. Jondalar miró su hoja, pero sacudió la cabeza y la guardó de nuevo.
-¿Llegó la hora de dejarte crecer la barba? -preguntó Thonolan.
Jondalar no se había percatado de la presencia de su hermano.
-Hay algo que decir en favor de la barba -comentó-. En verano puede ser un fastidio: te pica cuando sudas, por eso es más cómodo afeitarla. Por el contrario, te ayuda a mantener el rostro caliente en invierno, y el invierno está por llegar.
Thonolan se sopló las manos, frotándoselas y enseguida se acuclilló frente al fuego que ardía delante de la tienda y las mantuvo sobre las llamas.
 ..."

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