Algo que Leer: Diario de Hiroshima de un médico japonés

dissabte, 27 de setembre de 2014

Título: Diario de Hiroshima de un médico japonés [Hiroshima Diary: The Journal of a Japanese Physician]
Autor: Michihiko Hachiya
Idioma original: Japonés
País: Japón
Editorial: Licencia editorial para Círculo de Lectores por cortesía de Turner Publicaciones
Primera Edición: 1945
Traducción: J. C. Torres
Número de páginas:  315 pág.
Género: Narrativa Histórica, Autobiográfico, Drama
ISBN: 9788422690078

Sinopsis: 
“No hay camino más atroz y recurrido que el de la guerra. Ahora que la vida es reclinable y que el destino está contenido en un mando a distancia, quizá lo único que nos quede para tratar de eludir un presumible final nuclear sea escuchar el testimonio de quienes han conocido la muerte en vida y hasta la han convertido en literatura.

Algo que decir:
Los días 6 y 9 de agosto de 1945 el ejército estadounidense soltó sendas bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Éste funesto acontecimiento significaría no solamente un hecho decisivo para la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial sinó también la muerte de 140.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki antes de finalizar 1945.
El doctor Michihiko Hachiya, quien por aquél entonces trabajaba como controlador aéreo y director del Hospital de Comunicaciones en Hiroshima, se encontraba en su casa descansando tras una larga noche en vela cuando se sucedió la primera explosión; Hachiya y su esposa sobrevivieron y escaparon a duras penas de su casa hacia el hospital, que se encontraba a unos pocos cientos de metros de distancia.
Ambos resultaron heridos durante el incidente, y por ello vivieron aquellos primeros días de confusión desde la impotencia de una cama de hospital, sintiéndose afortunados por gozar de esas pocas comodidades mientras cientos de personas se amontonaban por todos los rincones del edificio cubriendo el suelo como una suerte de agonizante alfombra humana. El Hospital de Comunicaciones se convirtió en un refugio clave para recibir y tratar a los numerosos afectados por la explosión y, más tarde, por la radiación; entre sus cuatro paredes se comenzó no sólo a combatir sinó a investigar los males producidos por la radiación liberada sobre Hiroshima.
Diario de Hiroshima es el diario personal del doctor Hachiya, el cual recoge su testimonio durante los cincuenta y seis días que siguieron a la explosión. En él se hace eco de sus reflexiones personales y registra con perplejidad y preocupación el desarrollo de los acontecimientos en el duro marco del hospital, donde emotivos reencuentros se suceden con la muerte de amigos y conocidos. 

Para hacer boca (fragmento extraído de una página al azar): 
“…
-Doctor -me preguntó entonces Mizoguchi-, ¿dónde estaba usted en ese momento?
-En casa, y si mal no recuerdo tenía puesta una camisa e seda y unos pantalones. Pero cuando salí corriendo a la calle no llevaba absolutamente nada encima. Hasta mi fundoshi había desaparecido. La noche anterior me había tocado el turno en la vigilancia antiaérea y a las cuatro de la mañana, después de entregar la guardia, regresé directamente a casa con la idea de descansar un rato. Pero al final no pude conciliar el sueño, de manera que me quedé descansando, sin pensar en nada, en el hanare.
»Recordarán que esa mañana sonó la alarma antiaérea. Al oírla me levanté de un salto dispuesto a ponerme el uniforme de guardia, cuando de pronto la sirena se detuvo.
-Baba-san -me interrumpió Mizoguchi-, hay algo extraño en lo que ocurrió con las ropas después del bombardeo. Piense en los brazos de la señorita Omoto. Tenía ropas claras, excepto unos parches negros en las mangas, y ése justamente fue el único sitio donde se quemó. Si el vestido hubiese sido todo blanco habría escapado ilesa. Doctor, las cosas de color no sirven, ¿verdad? Dicen que arden enseguida.
-Señor Mizoguchi -respondí-. ¿No oyó lo que dijo el doctor Hinoi? Un segundo después del pika vio pasar corriendo a un soldado con la ropa convertida en una tea encendida. El doctor Sasada sufrió quemaduras graves en las manos y recuerda perfectamente cómo se la quemaron. Claro que no recuerda nada más; tal vez ese detalle tenga algo que ver con la razón de que sus quemaduras sean tan graves.
-Probablemente así sea -suspiró Mizoguchi.
Por su parte, la señora Saeki se llevó las manos al rostro y murmuró:
-¡Terrible! ¡Terrible!
…”

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